DIA16B

Los primeros cristianos solían llamar a la Virgen María como la “Theotokos”, que en griego significa “Madre de Dios”. Si Dios ha tomado carne realmente en la Virgen María, si las dos naturalezas de Cristo están realmente unidas en una sola persona, María no solo puede ser la Madre de la humanidad de Cristo; es la Madre de Dios encarnado, del único Cristo y hombre verdadero.
Por otra parte, si la humanidad de Cristo es real, tiene como persona individual una madre verdadera, lo que exige una relación de madre e hijo en toda la extensión de la palabra, física, sicológica y espiritual. En la encarnación de Dios, que es real, y en la humanidad de Cristo, que también es real, está la exigencia fundamental de que María tenga el apelativo de Madre de Dios y que sea una madre verdaderamente humana, no sólo un instrumento que permiuta la aparición de Dios sobre la Tierra.
En noviembre de 1996 San Juan Pablo II explicó que la expresión “Madre de Dios” nos dirige al Verbo de Dios, que en la encarnación asumió la humildad de la condición humana para elevar al hombre a la filiación divina. Pero ese título, a la luz d la sublime dignidad concedida a la Virgen de Nazaret, proclama también la nobleza de la mujer y altísima vocación. En efecto, Dios trata a María como persona libre, responsable y no realiza la encarnación de su Hijo sino después de haber obtenido su consentimiento.

PETICIONES:

  • María como la madre de Dios y madre nuestra nos invita a confiar en ella como la intercesora ante Jesús por nosotros.
  • Que María sea nuestra compañera de camino y nos ayude a ser personas justas, solidarias y comprometidas con las personas que más necesitan.
  • María nos invita a confiar plenamente en ella como nuestra madre, ella nunca nos deja solos, tenemos la certeza que nos cuida y protege siempre. (Personal administrativo y de apoyo – 30/05/2017)